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La enfermedad crónica: cuidarse para cuidar

El desarrollo socioeconómico y la mejora de las  condiciones sanitarias en nuestra sociedad han favorecido un aumento de la esperanza de vida, pero también  el incremento de enfermos afectados por patologías crónicas (cáncer, Parkinson, Alzehimer, EPOC…) que requieren cuidados especiales.

Cuando la enfermedad crónica irrumpe en la familia,  uno de sus miembros por lo general -el cuidador-,  es quien asume la tarea de atender al enfermo a pesar de no tener una preparación adecuada a nivel técnico y psicológico.

el cuidador asume funciones que pueden llegar a desbordarle

Cuidar a un enfermo crónico implica asumir diversas funciones que vienen determinadas por el grado de dependencia  del afectado. Algunas de ellas y según los casos  incluyen: acompañamiento, escuchar, apoyar, ayuda en actividades básicas de la vida diaria como ducharse, vestirse, alimentarse, desplazarse o control de esfínteres. Administrar la medicación, gestión económica, labores domésticas, ir a la compra, preparar la comida, acompañar en los traslados y visitas médicas, prevenir situaciones de riesgo como caídas o tomar decisiones en circunstancias de agravamiento.

La sobrecarga puede provocar en el cuidador estados de ansiedad, estrés y depresión

Como hemos comentado, las tareas a realizar dependerán de las necesidades del afectado, y en ocasiones esta demanda es tal que puede superar a la persona responsable de llevarlas a cabo. Más aún si el cuidador tiene que desempeñar otros roles como trabajador/a, madre, esposa/o… y cuentan con escasa ayuda de otras personas para realizar todas estas tareas. Todo ello puede desembocar en estados emocionales que favorecen  la obesidad.

disminuye su intimidad, el tiempo libre, las relaciones sociofamiliares e incluso la jornada laboral

Para la persona cuidadora hacerse cargo de un ser querido dependiente y enfrentarse diariamente con el sufrimiento es una situación en ocasiones difícil de manejar. No hay que olvidar que cuidar implica tareas, pero también relaciones y emociones. Aunque cada caso de atención a un familiar es distinto y las circunstancias diversas en general hay algunos sentimientos que son comunes.

Preocupación: por su estado de su salud, por la posible evolución de la enfermedad, por los síntomas que aparecen, por miedo a situaciones inesperadas…

Tristeza: nada vuelve a ser igual, se extraña al ser querido sano, la vida que llevábamos anteriormente, hay cansancio, agotamiento, renuncia a nuestro trabajo y a actividades gratificantes anteriores… Hay que estar pendiente para que esta tristeza no desemboque en una depresión.

Sentimientos de soledad: las nuevas demandas acaparan nuestro tiempo y tendemos a distanciarnos de las personas de nuestro entorno, en otras ocasiones estamos tan cansados que no nos apetece salir y vamos aislándonos.

las Asociaciones de Familiares constituyen un gran apoyo para el cuidador

Irritabilidad: porque no mejora a pesar de los cuidados que le dispensamos, porque no descanso fruto de las quejas por dolor o peticiones de asistencia como ir al baño, porque los demás no se implican como te gustaría, porque no doy abasto…

Sentimientos de culpa: por atenderle a veces sin ganas, porque podría hacerlo mejor, porque ayer le hice daño al cambiarle el vendaje, por salir a divertirme, por dejarle al cuidado de otra persona en ocasiones…

RECOMENDACIONES PARA EL CUIDADOR

El cuidador no tiene que caer en el sacrificio total y olvidarse completamente de sí mismo.

Si no se cuida,  difícilmente podrá cuidar de su ser querido.

Debe fomentar la autonomía del enfermo en la medida de lo posible.

Pedir lo que necesita sin esperar a “que salga de los demás”

Cuidar su propio descanso y alimentación.

no podemos cuidar a los demás si primero no lo hacemos con nosotros mismos

Hacer ejercicio todos los días si es posible. Ayuda a relajar tensiones, mantenerse sano y mentalmente fuerte.

Planificar con antelación actividades placenteras (excursión, cine, día de playa…)

No perder el contacto con buenos amigos o familiares con quien se sienta comprendido.

Ser capaz de delegar en otras personas de su entorno o personal contratado para su respiro.

No querer llevarlo todo adelante: priorizar, postergar y delegar.

Buscar ayuda en los servicios comunitarios de la ciudad o en Asociaciones de Familiares orientadas a la patología del paciente. En ambos pueden informarte  de todas las prestaciones  y ayudas que puedan favorecer la calidad de vida tanto tuya como de tu familiar. Así mismo pueden proporcionarte atención jurídica,  psicológica o de cualquier otra índole.