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Dependencia emocional en la relación de pareja

Cualquier persona que establezca una relación de pareja siente cierta dependencia afectiva hacia la otra persona, la echa de menos cuando no está y no desea perderla. Esto se considera normal y no supone ningún problema, es un tipo de dependencia sana, que nos ayuda a crecer y progresar como persona.

 Las dificultades aparecen cuando esa necesidad de la otra persona es tan intensa que toda la vida gira en torno a ella, y como un adicto, se ve uno controlado por su necesidad. Este tipo de vinculación o dependencia van contra lo que son dos metas esenciales para el progreso personal y de pareja: la autonomía y la libertad personal.

Las dificultades aparecen cuando esa necesidad de la otra persona es tan intensa que toda la vida gira en torno a ella

En la dependencia emocional, la persona  pone  su relación por encima de todo, incluyéndose a sí mismo, a su trabajo, a sus amigos e incluso a su familia. La persona dependiente cree necesitar a su pareja para sentirse útil y eficaz, para sentirse completa y sobre todo para encontrar la seguridad que no tiene. Es por ello que, el miedo al abandono está continuamente presente, requiriendo promesas de que no le va a abandonar, pero aún así, el temor persiste hasta tal punto que termina asfixiando la relación.

Intentar adaptarse al otro y conseguirlo en algunas ocasiones nos hace sentir bien,  pero las personas dependientes progresivamente se sienten cada vez peor, ya que han renunciado, y siguen renunciando a sus sueños, sus ilusiones y han puesto toda su felicidad en que el otro sea feliz.

abandona sus necesidades para entregarse a la pareja: renuncia a sus preferencias, pide perdón por cosas que no ha hecho…

El factor principal que subyace a la dependencia emocional es la baja autoestima. Cuando uno no confía en su valía, cuando no se siente importante para nadie, vive con mucho miedo a la soledad y a no encontrar pareja. De ahí la importancia que dan cuando alguien se siente atraído por él o ella. Su valía pasa entonces a manos de la pareja, y es por este motivo por el  que se desvive en complacerle hasta límites insospechados para sentirse querido.

El factor principal que subyace a la dependencia emocional es la baja autoestima

La persona dependiente reconoce el sufrimiento que le causa este tipo de relación, pero prefiere soportarlo porque no tiene la fortaleza para romperla y siente que la vida sin esa persona no tiene sentido. De este modo abandona sus necesidades para entregarse a la pareja: renuncia a sus preferencias, pide perdón por cosas que no ha hecho, sucumbe a todos los deseos, le colma de regalos… todo con tal de que su pareja le demuestre afecto.

Para superar la dependencia emocional es fundamental reconocer que hay un problema y que nos sentimos incapaces de solucionarlo. No es tarea fácil ya que la persona dependiente siempre encuentra miles de argumentos para excusar la conducta de su pareja: “no tenéis ni idea”, “es que mi carácter no ayuda”, “tiene muchos detalles conmigo”…. Suele llegar incluso a entrar en conflicto con familiares, amigos y compañeros porque éstos no toleran la relación en la que se encuentra inmersa.

siempre encuentra miles de argumentos para excusar la conducta de su pareja: “no tenéis ni idea”…

La terapia funcionará siempre y cuando la persona dependiente acuda voluntariamente. La superación de la dependencia, al igual que sucede con las adicciones, pasa por una ruptura total de la relación. La mezcla que siente el paciente entre la soledad y el dolor por la  ruptura, y los intentos por reanudar la relación conforman lo que podemos denominar “síndrome de abstinencia”. Aunque es mejor evitarlas, las recaídas son normales. No hay que culpabilizarse, lo importante es no perder el objetivo y seguir intentándolo con ayuda profesional.

 

 “Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja,
y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad.
No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta.

Nos hicieron creer en una fórmula llamada “dos en uno”: dos personas pensando igual, actuando igual, y que era eso lo que funcionaba.

No nos contaron que eso tiene nombre: anulación. Y que solo siendo individuos con personalidad propia podremos tener una relación saludable.