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El mito del gordito feliz

La OMS define la obesidad y el sobrepeso como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. La causa fundamental es el desequilibrio energético entre calorías consumidas y gastadas.

Son bien conocidas las consecuencias nocivas que el sobrepeso y la obesidad  tienen para la salud en general. Así, un IMC (índice de masa corporal) elevado es un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares, osteoartritis o  diabetes entre otras.  De hecho, las enfermedades cardiovasculares –principalmente cardiopatía y accidente cerebrovascular– fueron la causa principal de defunción en 2012.

Dicho esto, llama la atención cómo aún a día de hoy muchos estereotipos difunden la imagen del “gordito feliz”, una persona que se caracteriza por ser simpático, jovial y con gran sentido del humor. Nada que ver con la realidad. Por lo general, la persona que padece obesidad acumula un historial de  padecimientos que repercuten negativamente no solo a nivel físico, sino también a nivel psicológico, familiar, social o laboral.

La persona obesa padece una preocupación dolorosa por su apariencia que va más allá de una simple insatisfacción. La percepción que tiene de su imagen corporal se convierte en algo estresante que le incomoda y le angustia cuando los demás le observan. Por ello, es frecuente que manifiesten timidez y vergüenza en situaciones sociales o que incluso se aíslen por miedo a la crítica y el rechazo. Si esta situación se prolonga en el tiempo, la obesidad puede conducir a problemas emocionales severos.

 

Inferioridad y autoestima

En las personas obesas son frecuentes los sentimientos de inferioridad y baja autoestima como consecuencia de la discriminación, las críticas y burlas que han sufrido a lo largo de su vida. Algunas personas tienden a pensar que los obesos “están así porque quieren, porque no se lo toman en serio”, motivo por el que se les conceptualiza como carentes de voluntad y compromiso o vagos.

Por si esto fuera poco, tenemos que añadir los sentimientos de exclusión que experimentan los obesos en su día a día a la hora de comprar ropa, tomar asiento en el transporte público, ir al cine o realizar determinadas actividades que suponen un mínimo esfuerzo para cualquier persona.

Dentro de las relaciones afectivas, hay que mencionar las consecuencias que la obesidad tiene sobre la sexualidad. La baja autoestima y la desvalorización de sí mismas que generalmente tienen las personas obesas, les genera temor a la hora de demostrar sus sentimientos, lo que implica limitadas oportunidades de tener una cita amorosa, hasta la negativa de establecer relaciones íntimas. Las condiciones físicas, las patologías cardiovasculares así como la vergüenza a ser visto desnudo constituyen un obstáculo para disfrutar de un sexo libre, cómodo y seguro.

En la desesperación por ser capaz de reducir el peso es frecuente la realización de todo tipo de dietas, por lo general milagrosas, que prometen resultados mágicos y que terminan provocando el conocido efecto yo-yo. Es entonces cuando las personas con obesidad se sienten culpables, avergonzadas, inadecuadas y criticadas por su fracaso por personas de su entorno más inmediato, volviendo después de tantos esfuerzos de nuevo a la depresión, la ansiedad, angustia y, en el peor de los casos, a los trastornos de la conducta alimentaria.