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Excusas para no perder peso

Un factor que obstaculiza la adopción de hábitos de vida saludable es el recurso constante a la excusa. Sabemos que no es posible cambiar de la noche a la mañana la distribución de nuestras comidas, los alimentos que incluimos en nuestros menús diarios o nuestro nivel de actividad física.

Cualquier modificación, por pequeña que sea, implica un tiempo de adaptación que debemos respetar con mucha calma, evitando el estrés y las prisas. Sin embargo, tampoco podemos retardar excesivamente nuestro cambio de hábitos haciendo uso de esas excusas que en realidad revelan falta de voluntad y de compromiso para reducir el sobrepeso. Algunas excusas habituales son las siguientes:

No es buen momento

Con esta excusa aplazamos nuestro proyecto para después de las fiestas, la boda de algún familiar o amigo, una celebración especial, etc. Mientras tanto comemos con más ansiedad pensando que tras esas fechas vamos a eliminar buena parte de nuestros caprichos y que empezaremos a hacer ejercicio. Incluso ganamos peso al posponer la fecha porque nos damos un homenaje final. No esperemos a que lleguen las circunstancias ideales ni la mejor ocasión para actuar, porque tal vez no lleguen nunca.

Mañana empiezo

No dejemos para mañana lo que podamos hacer hoy. Cualquier día es bueno para empezar si realmente estamos decididos. Además, no olvides que cuanto antes comiences, antes terminará ese malestar  físico y mental que conlleva no cuidar tu salud.

Mi abuelo vivió 90 años

Todos hemos oído hablar de ese familiar que comía lo que le daba la gana, fumaba, bebía, apenas se movía y, a pesar de tantos excesos, tenía una salud de hierro. Si seguimos su ejemplo es muy posible que algún día lamentemos nuestra actitud, pues no hay cuerpo que resista tal cúmulo de despropósitos. Castigaremos nuestro organismo y cuando queramos poner remedio puede ser demasiado tarde. Para acabar con esta falsa creencia no hay nada mejor que acudir a las estadísticas y comprobar cuántas personas con sobrepeso no padecen enfermedades y cuántas sí.

No tengo tiempo

Esta excusa elimina el sentimiento de culpabilidad. Podemos demostrar que incluso las personas más ocupadas pueden reunir treinta minutos diarios de ejercicio –suficientes para conseguir importantes beneficios en la salud– simplemente suprimiendo algún trayecto con el coche, evitando a menudo la utilización del ascensor o dando un paseo de diez minutos antes y después de comer. Todos deberíamos hacernos esta pregunta: ¿realmente para nosotros es una prioridad bajar de peso? Conscientemente puede que creamos que sí, pero si no encontramos tiempo es porque nosotros mismos nos estaremos saboteando con un sinfín de excusas para continuar tal y como estamos. Cuando decimos “no tengo tiempo” lo único que estamos dejando bien claro es que no tenemos tiempo para nosotros mismos, que no nos valoramos lo suficiente como para buscar el tiempo necesario que merecemos.

No me gustan los gimnasios

Hay tantas posibilidades para hacer deporte como seamos capaces de imaginar. No hace falta ir al gimnasio. Podemos salir a correr, quedar con nuestros amigos para practicar algún deporte al aire libre, plantear juegos, adquirir aparatos o instrumentos para hacer gimnasia. Todas las alternativas son válidas en tanto en cuanto mantengamos nuestros hábitos saludables.

Llego a casa muy cansado como para hacer deporte

Esta frase parte de una concepción errónea del ejercicio físico. Al principio puede resultar difícil, pero con un poco de organización y disciplina se puede lograr el cambio. En poco tiempo, un estilo de vida más activo puede llegar a convertirse en un hábito que cada vez será menos costoso realizar y que incluso puede llegar a ser imprescindible en tu vida.

Como siempre fuera de casa

Si viajamos o comemos en el trabajo, tendremos que vigilar aún más nuestra alimentación. Cuando almorzamos en un restaurante podemos elegir los platos más saludables dentro del menú. También es muy recomendable preparar la comida en casa. Así tendremos la oportunidad de controlar los ingredientes y las cantidades que vamos a consumir. Además puedes consultar en el blog el artículo Comer fuera de casa. Recomendaciones, que te será de gran utilidad.

No me gustan ni las frutas ni las verduras

Debemos madurar y aprender a comer. Con el tiempo muchos de nuestros gustos varian y con la comida ocurre lo mismo.Estos productos son imprescindibles para nuestra dieta, ya que constituyen una fuente fundamental de vitaminas. Podemos probar a presentarlos de diferentes maneras: en purés, ensaladas, macedonias, etc.

He hecho dieta muchas veces y no hay manera de adelgazar

El hecho de que no lo hayamos conseguido anteriormente no significa que vayamos a fracasar de nuevo. Una cosa sí es segura: si nos rendimos jamás lograremos acabar con la obesidad y el sobrepeso. Plantéate qué tipo de dieta hiciste anteriormente y por qué falló. Revisa si pusiste en marcha todas las pautas necesarias para crear un contexto adecuado como te explicamos en el artículo del blog “Cómo conseguir un peso nuevo en año nuevo”.

Comer bien es caro

Falso. Al planificar nuestros menús semanales y compartir los mismos platos con nuestra familia, eliminaremos de nuestra cesta de la compra productos como la bollería, las bebidas gaseosas y los helados, entre otros muchos, que no son precisamente muy económicos. La familia tendrá un menú único y no un plato para cada comensal. Además, es preferible cuidar nuestra salud que terminar gastando nuestro dinero en tratamientos, visitas al médico, operaciones, etc. Nuestra posesión más preciada es la vida. No hay que escatimarle cuidados.

A dieta no puedo tener vida social

No se debe renunciar a salir y disfrutar con nuestros familiares o amigos. De hecho, tenemos que aprender a consolidar nuestros hábitos en todos los contextos. Saldremos y disfrutaremos con moderación, eligiendo bien lo que comemos y bebemos. Y si nos excedemos, tampoco hay que castigarse o culparse por ello. Al día siguiente comeremos bien y haremos ejercicio. La obsesión no es una buena consejera a la hora de perder peso. Sí puedes limitar al principio tus salidad hasta que tengas una rutina saludable en cuanto a comidas, ejercicio físico y pautas conductuales.