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La autocrítica destructiva

Hay gente que tiende a valorarse de forma excesivamente negativa. Eternizan sentimientos de culpa, se critican por los errores cometidos, se comparan constantemente con los demás, soportan injusticias para evitar conflictos… y obviamente se sienten fatal.

Sin embargo, es frecuente que se desvivan por el bienestar de las personas a las que quieren. Consuelan al amigo derrotado, restan importancia a sus errores, son indulgentes con sus debilidades, cautos en la crítica y benévolos cuando sentencian. Mientras que al amigo le ayudan a sanar las heridas emocionales, no dejan de hurgar en las propias sin dejar que cicatricen.

Instalarnos en la queja y amargura por los errores cometidos no nos ayuda a encontrarnos mejor.

Hay situaciones que no podemos cambiar y sólo nos queda aceptarlas y seguir adelante. Hay gente que dice “es que no puedo evitarlo”, “no puedo quitármelo de la cabeza”.  No te estamos pidiendo que ignores el hecho o que no lo reconozcas. Te pedimos que no te flageles.

El tratarnos sin respeto es, ante todo, un producto de nuestras experiencias en la niñez y en la adolescencia. Quienes ejercen la influencia en nuestra autoestima son aquellos cuyas opiniones cuentan mucho para nosotros: padres, hermanos, maestros… Lo primero que hay que entender es que no podemos hacernos cargo toda la vida de los problemas que amargaron o hicieron de nuestros padres u otras figuras significativas personas negativas. Hay que empezar a entender  de qué manera nos afectaron esas actitudes para comenzar a liberarnos de sus efectos y no mantenerlos.

Un primer paso para tratarnos con respeto es imaginar que tu problema, el error cometido o el sentimiento de culpa perteneciesen a alguien a quien realmente quieres. Escucha cómo te cuenta la situación o la actitud desafortunada que ha tenido. Imagina su cara, sus gestos, su tristeza o angustia. En definitiva, su malestar. Piensa si aumentarías su dolor con más reproches, con duras críticas y haciéndole creer que su error es imperdonable. Probablemente no. En vez de ello darías tres puntos de sutura: tolerancia, comprensión e indulgencia. ¿Por qué no haces lo mismo contigo?