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No sé decir no

Por fin has decidido comer sano, ir al gimnasio y empezar a llevar una vida saludable. ¿Implica eso dejar de salir con amigos, comer fuera de casa u otras actividades que realizabas hasta ahora? NO.

Pero, ¿por qué en muchas ocasiones estos propósitos se vienen abajo? Porque no sé decir NO.

Vamos a poner un ejemplo. Has decidido acudir al gimnasio todas las mañanas de lunes a sábado y lo vas cumpliendo. Llega el jueves y  decides salir con  compañeros del trabajo o amigos a cenar. Pides un menú saludable y a una hora prudente decides retirarte porque mañana vas al gimnasio temprano. A la hora de despedirte ellos insisten: “no te vayas”, “quédate un ratito más” “hay que ver cómo eres”… y tú… dudas. Realmente quieres irte para seguir con el propósito que te has marcado, pero quieres también complacerlos a ellos. Ahora es cuando no saber decir NO puede tirar todo el esfuerzo por tierra.

Algunas personas sufren cada vez que se han de negar a algo. Puede que un amigo te pida dinero, que tu hija te pida que te quedes cuidando a tus nietos,  que te insistan para salir cuando no te apetece…  y que a pesar de ser un inconveniente para ti no seas capaz de negarte.

El temor a decir NO puede ser por varios motivos: timidez, sumisión social, miedo a defraudar o a ser rechazado, intentar agradar a toda costa o falta de seguridad en ti mismo. Los problemas aparecen a veces cuando temes que la otra persona reaccione mal ante tu negativa. Por ejemplo, podría rechazarte, pensar mal de ti, enfadarse contigo o no volver a hablarte nunca más. Pero lo cierto es que la mayoría de las personas respetan más a aquellos que saben decir NO, que a las personas que son fáciles de dominar y que están siempre dispuestas a hacer todo lo que se les pidan que hagan.

Muchos piensan que si se dan prioridad son egoístas, pero esto no es verdad. Ten en cuenta que la persona que se enfada si no atiendes a sus demandas no está respetando tus propios deseos, está siendo egoísta y está intentando manipularte en su beneficio sin importarle el inconveniente que pueda causarte su petición.

Una negativa no tiene que ser necesariamente definitiva

En ocasiones es bueno hacer sacrificios por los demás, y con frecuencia los hacemos de buena gana porque la otra persona nos importa. Además, una negativa no tiene que ser necesariamente definitiva: que hoy no pueda estar disponible para ti o hacerte un favor, no implica que en otro momento no puedas contar conmigo. En cambio, a veces, tras hacer ese sacrifico te sientes enfadado, utilizado o incluso débil. Esas emociones son la mejor guía  que puedes tener para saber y tener claro cuándo debes decir NO.

Muchas personas sufren por no saber decir NO. Algunas dan múltiples explicaciones para justificarse, otras viven calladas hasta que un día sacan a la luz a gritos y con violencia toda la negatividad que has estado reprimiendo. En estos casos el decir NO se hace de manera inadecuada.

Se trata, en definitiva, del miedo a no ser valorados y queridos. Nuestra necesidad de ser aceptados y tenidos en cuenta puede llevarnos a mostrar una constante disponibilidad a todo. La búsqueda de aprobación se convierte en un problema sólo cuando creemos que es una necesidad en vez de un deseo: “me gustaría caer bien, pero ¿realmente lo necesito?”. Y si creo que lo necesito ¿no será que mi autoestima depende demasiado de la opinión ajena? Además, ¿es posible caer bien y ser aceptados por todo el mundo?

¿Es posible caer bien y ser aceptados por todo el mundo?

 

NOTA= Artículo extraído del libro El método del bienestar.