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Obesidad y psicología

La falta de eficacia de las dietas se debe a que todas proponen abordar un problema complejo, como es el del control del peso modificando tan sólo una de las causas que lo provocan: el tipo y cantidad de alimentos que se consumen.

Sin embargo, este enfoque olvida que el consumo de alimentos está a su vez motivado por otros muchos factores que nada tienen que ver con la nutrición –estados de ánimo, tipo de ocio, sedentarismo, hábitos inadecuados– y que de no modificarse también, harán muy difícil que la persona sea capaz de limitar el número de calorías.

El control del peso sería fácil si únicamente comiésemos para saciar el apetito, es decir, por necesidad fisiológica. Sin embargo, existen problemas psicológicos que subyacen a la ingesta inadecuada de alimentos y que conllevan a una mala conducta alimentaria. Así por ejemplo, en muchas ocasiones comemos para cambiar nuestro estado de ánimo. Los alimentos ricos en grasas y azúcares mejoran a corto plazo el estado emocional y producen un cierto estado de relajación y bienestar. Por tanto, parece que el comportamiento alimentario está muy influido por el estado emocional. Contrariamente a la idea de que perdemos el apetito cuando estamos deprimidos o estresados, a muchas personas les ocurre justo lo contrario.

Pero además de los estados emocionales también hay determinadas actividades que hemos asociado al acto de comer como las reuniones sociales, donde ofrecer algo de comer forma parte de nuestra educación, o cuando vamos al cine comer palomitas así como ver la  televisión picando algo.

 

El culto al cuerpo

También hay que señalar la obsesión imperante en nuestra sociedad por el culto al cuerpo, en especial por la delgadez, y que está generando un aumento en el grado de insatisfacción personal de buena parte de la población. Esto ha traído consigo prácticas alimentarias muy restrictivas, extremas y poco saludables que guardan una estrecha relación con la pérdida de control y, aunque resulte paradójico, pueden acabar siendo responsables del padecimiento de atracones o ingestas compulsivas.

Todos estos aspectos ponen de manifiesto que el peso no está determinado exclusivamente por la alimentación y que para conseguir un control adecuado del peso es necesario, en primer lugar, determinar los factores psicológicos subyacentes a la ingesta inadecuada y, en segundo lugar, cambiar los hábitos inapropiados del paciente con la idea de inculcarle unos hábitos alimentarios correctos que pueda conservar a lo largo de su vida.