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Perder peso: el miedo al fracaso

No cabe duda que si queremos lograr cualquier objetivo en la vida, es necesario un grado de exigencia que nos ayude a conseguir los resultados esperados.Para ello marcamos unas directrices y un plan de acción que apoye el logro de nuestros propósitos. Sin embargo, cuando se trata de perder peso, nos encontramos a muchos pacientes que llevan intentando conseguirlo  durante mucho tiempo, con escasos resultados y múltiples propósitos fallidos.

la dificultad para perder peso provoca un considerable menoscabo en la autoestima

Todo ello provoca en la persona un menoscabo de la autoestima que, no pocas veces, se intenta suplir ejerciendo un perfeccionismo y control extremo en otras áreas de su vida que le hagan sentir competente y reparen su autoconcepto. Cuando estos pacientes acuden a consulta, llama la atención el elevado nivel de estrés que les genera el ritmo de vida que llevan. Este ritmo se caracteriza por conductas recurrentes e incluso obsesivas relacionadas con la limpieza, el orden, las tareas domésticas, el trabajo… donde albergan la ilusión de poder ejercer algún tipo de control  que no logran con la pérdida de peso.

muchas personas desplazan el control que no consiguen con el peso hacia otras áreas de su vida

Sin embargo, son planes de acción centrados  en metas muy exigentes y  expectativas de logro desmedidas que generan altos niveles de ansiedad y en muchos casos autocrítica excesiva, sentimientos de frustración y culpa, así como estados de tristeza que terminan exacerbando la  inseguridad y  la baja autoestima. Y lo que es aún más grave, hace que se desplace el foco de atención del problema real que es la obesidad, postergando eternamente el afrontamiento de la pérdida de peso ante el miedo a un nuevo fracaso.

se intentan subsanar la incapacidad de perder peso siendo perfectos en el desempeño de otras tareas

Debajo de ese intento de perfección y control se esconde la necesidad de ser queridos, aceptados y valorados; de ser expiados por no saber cuidar de la salud y de romper las expectativas propias y ajenas. Se trata de subsanar los excesos cometidos, los intentos fallidos, la falta de autocontrol y los escasos resultados en la pérdida de peso.  Sin embargo, el nivel de estrés en el que viven estos pacientes no hace más que aumentar el deseo desmedido por la ingesta y su sensación de fracaso, convirtiéndose en un impedimento que le aleja del estilo de vida saludable y altera su bienestar psicoemocional.

el querer controlar controlarlo todo viene determinado por el miedo al fracaso

Cuando se aborda con el paciente la necesidad de distender  su ritmo diario para dar cabida a unos hábitos saludables,  nos encontramos con un sinfín de argumentos que justifican la imposibilidad de alterar su modo de vida. Es entonces cuando tratamos que entienda cómo el querer controlarlo todo viene  determinado por el miedo al fracaso, a la incertidumbre  y que está relacionado con la inseguridad en uno mismo.

Hay que intervenir enseñando al paciente a priorizar, postergar y delegar. No todo es igual de importante y, si hay que decantarse por una prioridad en la vida, no cabe duda de que la salud encabeza la lista. Debe disminuir  el grado de  intensidad que dedica a la realización de otras tareas y reservarlo para el autocuidado que implica un estilo saludable de vida. Hay asuntos que pueden esperar y otros que no tiene que realizar  necesariamente él;  puede delegar en otras personas  que, aunque no hacen las cosas de la misma manera, lo hacen bien.

para perder peso debes aceptar la opción de cometer errores sin menospreciarte por ello

Podemos ayudarle a ir soltando progresivamente el rigor excesivo que pone en las tareas para  abrazar nuevos hábitos. Debe saber que no hay que actuar con prisas ni autoexigencias desmedidas, sino reconociendo el derecho a equivocarse, valorando los logros, evitando la crítica autodestructiva y dando siempre otra oportunidad.  A la misma vez hay que fomentar la autoestima y la motivación para que el cambio sea posible, ayudándole a que no pierda de vista el objetivo principal pero sin que éste le domine a él.

no desvíes tu atención intentando ser perfecto en tareas que de alejan de la pérdida de peso

Por último, no hay que olvidar que tanto el perfeccionismo como el control son características muy enaltecidas socialmente y por tanto la persona puede resistirse al cambio. Cuando hay esta resistencia urge plantearse y revisar si está teniendo consecuencias a nivel emocional, social, personal o laboral; en estos casos las exigencias se están llevando al extremo y resultan perjudiciales para la salud y el bienestar del paciente.