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Por qué no logro perder peso

Falta de convencimiento. Mucha gente pretende perder peso porque sus familiares le regañan, le crean el compromiso o simplemente porque se acerca la operación bikini. Si no estás convencido de que perder peso tiene que ser tu prioridad (no la de otros) en este momento de tu vida, difícilmente vas a conseguir el objetivo.

perder peso debe ser tu prioridad, no la de otros

No asumir la responsabilidad. La obesidad es una enfermedad de la que todo el mundo puede curarse. Si no asumes que la pérdida de peso está en tus manos, no lucharás por rectificar los errores que obstaculizan tu camino hacia el peso saludable. Argumentos del tipo “es genético”, “retengo líquidos”, “todo me engorda”…son suficientes para ni siquiera plantearte empezar a perder peso.

Pensar que es sólo cuestión de voluntad. La voluntad es necesaria pero no suficiente. Modificar el ambiente y las rutinas son fundamentales para que la fuerza de voluntad dé sus frutos. Si consigues establecer unos horarios, dejas de prohibir alimentos, comes despacio, planificas las comidas en vez de improvisar, organizas la despensa o respetas las horas de descanso, estarás creando un entorno para que la pérdida de peso te resulte un objetivo perfectamente alcanzable.

La voluntad es necesaria para perder peso, pero no suficiente

Plantearse metas poco realistas. Los medios de comunicación constantemente nos bombardean con fórmulas magistrales para perder peso en tiempo record y sin apenas esfuerzo. A la hora de perder peso hemos de tener en cuenta algunos aspectos como la edad, si hay limitaciones para hacer determinados ejercicios, el ritmo de vida diario, los kilos que debemos perder…Sólo así podrás ponerte unos retos realistas y evitar los sentimientos de frustración que desembocan en el abandono.

No valorarnos. Si quieres afrontar la pérdida de peso de forma efectiva es fundamental que dejes de criticarte y menospreciarte. Si no te valoras, difícilmente vas a sacar fuerzas para tener éxito en la consecución de tu objetivo. Sé amable con tu cuerpo, comienza a cuidarlo, obsérvalo en el espejo y adórnalo desde el primer día que empieces con tu cambio de hábitos. Debes considerarte una persona valiosa independientemente de tu peso.

No es tu peso lo que determina tu valía

Ignorar las emociones. A la hora de perder peso, la mayoría de la gente suele centrarse en dos aspectos: qué calorías ingerir y cómo quemarlas. Sin embargo, en muchas ocasiones olvidan dar respuesta a una cuestión fundamental: ¿por qué como? Cuando hablamos de obesidad, observamos que no se trata de hambre física, sino de hambre emocional. Si no averiguas y controlas aquello que te lleva a comer de manera desproporcionada, es muy complicado alcanzar el objetivo que te has planteado.

No perdonar los errores. Criticarnos por no haber conseguido un reto, lejos de ayudarnos a continuar puede desencadenar una pérdida de control sobre la ingesta. En este caso, al problema inicial sumaremos otro nuevo: fustigar nuestra autoestima por no haber sabido controlarnos. La pérdida de peso es un proceso lento, no exento de obstáculos y donde hay que aprender a tolerar la frustración para no tirarlo todo por la borda al primer tropiezo.

Hay que averiguar qué emociones nos llevan a comer sin control

Detenernos en el peso estético. La pérdida de peso tiene un fin; llegar al peso saludable. Cuando lo consigues no sólo desaparecen los riesgos para tu salud, sino que también es más difícil que puedas retroceder y volver a ganar los kilos perdidos. Sucede que la pérdida de peso es como subir una montaña que culmina en una meseta donde descansar, dicha meseta equivale al peso saludable. El problema es que la mayoría de las personas tienden a detenerse en la subida porque “ya me veo bien” y, dada la inclinación, es fácil que se precipiten nuevamente hacia abajo.