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Quién decide cómo debes ser

Los seres humanos construimos nuestra identidad sobre unos referentes más o menos idealizados. Cuando somos pequeños adoramos a nuestros padres; a medida que crecemos descubrimos nuevos modelos en amigos, o profesores; durante la adolescencia idolatramos a grandes músicos o estrellas de cine. Es normal disponer de estos referentes, ya que pueden constituir un estímulo para el cambio y para la superación personal. Pero nuestra admiración por determinados personajes o patrones de conducta no puede llevarnos a despreciar nuestras características, capacidades y virtudes.

nuestra admiración por determinados personajes no puede llevarnos a despreciar nuestras virtudes

Buena culpa de ello tienen los medios de comunicación que constantemente nos someten a un bombardeo sistemático de cuerpos “perfectos”. En la sociedad occidental estamos expuestos a cerca de 2.000 imágenes al día, muchas de las cuales son anuncios protagonizados por cuerpos que están más delgados que el promedio de la gente normal y retocados con photoshop. Gente joven, pelo abundante y perfecto, piel dorada, caras sin arrugas, mujeres sin curvas, hombres musculosos, dientes blancos y perfectamente alineados…

 todos estos mensajes sobre los cánones de belleza  esconden un mercado que factura al año millones de euros.

Es por ello, que la mayor parte de lo que pensamos en relación con el atractivo físico no es resultado de una elaboración personal, sino que está mediatizado por los medios de comunicación, la publicidad y la moda.

Si echamos la vista atrás, podemos fácilmente verificar cómo en los años cincuenta del siglo XX el prototipo de mujer imperante se caracterizaba por la voluptuosidad (Marilyn Monroe), mientras que en los sesenta la moda de la minifalda trajo consigo la preferencia por la delgadez. En los años ochenta sin embargo se impone la llamada “generación salud” representada por modelos como Cindy Crawford o Claudia Schiffer. Es a partir de los años noventa cuando se comienza a hablar de bulimia y anorexia, trastornos que en parte son fruto del canon de belleza casi imposible y que muchas mujeres pretendían alcanzar. Su máxima representante es la modelo Kate Moss. Todo esto pone de relieve el poder de la industria a la hora de decidir cómo deberíamos ser.

algunas personas desarrollan rasgos obsesivos en la selección y consumo de alimentos

Detrás de todos estos mensajes que la sociedad actual nos envía sobre los cánones de belleza “idóneos” y el cuerpo “perfecto” se esconde un mercado que factura al año millones de euros. Un mercado que promueve nuestra insatisfacción  para que dilapidemos el dinero en busca de ese canon inalcanzable a través de productos cosméticos, píldoras adelgazantes, cápsulas milagrosas o intervenciones estéticas.

la preferencia por un determinado cuerpo suele ser la consecuencia de la exposición intensa a imágenes publicitarias

Esta presión social hacia la perfección constituye un factor de riesgo en personas que se obsesionan con la selección y consumo de alimentos, pudiendo desencadenar trastornos más serios como la anorexia, bulimia, el trastorno por atracón u otros nuevos desórdenes como la ortorexia o la vigorexia. Por lo tanto, no deberíamos olvidar que nuestra preferencia por un determinado cuerpo o una talla suele ser la consecuencia de la exposición intensa a imágenes que ofrecen la publicidad, la moda y los medios de comunicación, y que nada tienen que ver con lo que representa la media de la población.