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Tengo ansiedad, ¿cómo la controlo?

Es frecuente escuchar a muchas personas decir que comen por ansiedad, y no les falta razón. Tenemos tendencia a compensar esta sensación negativa con comida, que sabemos desatará en nuestra mente emociones positivas.

La manera de evitar la ansiedad es aprender estrategias para manejarla. En ocasiones las técnicas de respiración o relajación practicadas a diario son suficientes para reducirla y nos proporcionan resultados muy beneficiosos. Sin embargo, en otras ocasiones la ansiedad supera unos límites y se convierte en un problema de salud. Es entonces necesario encontrar las causas que la originan para poder combatirla con la ayuda de un profesional y tratamiento farmacológico si fuera necesario.

En ocasiones la ansiedad supera unos límites y se convierte en un problema de salud.

Debemos saber que la ansiedad, al igual que la fiebre, por ejemplo, es un síntoma de que algo marcha mal, y para eliminarla debemos analizar qué la provoca para poder dar con el remedio adecuado. Existen miles de circunstancias que pueden provocarnos ansiedad, tal y como hablar en público, volar en avión, cambiar de trabajo, un divorcio, situaciones inesperadas, etc. Unas veces esas circunstancias son fácilmente identificables, pero otras veces no. Nos sentimos ansiosos pero no sabemos exactamente por qué. Además, la ansiedad puede aparecer tiempo después del suceso que la desencadenó, algo que dificulta su identificación.

A continuación vamos a comentar resumidamente algunas situaciones, creencias o actitudes arraigadas que más frecuentemente subyacen y desencadenan los estados de ansiedad. Algunas de ellas están ampliamente desarrolladas en el blog, mientras que otras iremos subiéndolas para que tengas información más detallada. Léelas atentamente y observa si te identificas con algunas de ellas. Sí es así, debes replantearte aspectos de tu vida o de tu proceder que están manteniendo ese desagradable estado anímico en el que te encuentras.

  • Llevar un ritmo cotidiano frenético que no permite disfrutar, por ejemplo, del tiempo para la comida, con los hijos o simplemente una siesta. Tenemos que aprender a priorizar y delegar, no podemos llevar todo para adelante. Por eso hay que saber qué cosas son más urgentes de resolver y quién puede ayudarnos a solucionar las demás. No somos imprescindibles, el cementerio está lleno de personas que considerábamos o se consideraban imprescindibles. Y el mundo no se ha parado, todo sigue su marcha de una forma u otra.
  • En muchas ocasiones la ansiedad aparece porque no sabemos decir “no” y terminamos llenándonos de tareas por complacer a otros. Se trata, en definitiva, del miedo a no ser valorados y queridos. Nuestra necesidad de ser aceptados y tenidos en cuenta puede llevarnos a mostrar una constante disponibilidad a todo. La búsqueda de aprobación se convierte en un problema sólo cuando creemos que es una necesidad en vez de un deseo: “me gustaría caer bien, pero ¿realmente lo necesito?”. Aquí en el blog tienes un artículo, No sé decir no, donde se trata el tema más ampliamente.
  • El sentimiento de culpa. La culpabilidad puede obedecer a hechos objetivos que moral y éticamente son rechazables y que, por una u otra razón, se ha incurrido en ellos. A partir de esa situación aparece el sentimiento de culpa al que, en un proceso normal, le sigue el arrepentimiento. Sin embargo, hay personas que viven constantemente acompañadas de un sentimiento de culpa aunque realmente no seamos los responsables, pero nos sentimos como si lo fuéramos y así lo vivimos.
  • En otras ocasiones, la persona ansiosa presenta rigidez en sus creencias o pensamientos, es perfeccionista y se preocupa demasiado por los acontecimientos venideros. Son personas que mantienen reglas estrictas y exigentes sobre como tienen que suceder las cosas, como si sus deseos tuviesen que ser ley. Cuando las cosas no son como creen que deberían ser, se produce el consiguiente malestar.
  • También me encuentro con pacientes instalados en relaciones afectivas dañinas de larga duración que no se atreven a terminar por razones de diversa índole. En gran parte debido a esos pensamientos irracionales que les atrapan (no puedo vivir sin él/ella).
  • Muchas personas quieren tomar decisiones tan sólo sabiendo que tendrán un absoluto control sobre los resultados de éstas, teniendo certeza de que por ejemplo no se equivocarán. El querer controlarlo todo viene determinado por el miedo al fracaso y está relacionado con la inseguridad en nosotros mismos.

La ansiedad, al igual que la fiebre, es un síntoma de que algo marcha mal, y para eliminarla debemos analizar qué la provoca para poder dar con el remedio adecuado.