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Alimentos sanos, mente sana

Que la alimentación y las emociones se encuentran estrechamente relacionadas es un tema ampliamente estudiado. Es una asociación que se instaura desde los primeros meses de vida; cuando el bebé llora llevamos o él lleva algo a su boca, no sólo alimento como el pecho materno o el biberón, también el chupe o el dedo pulgar. Estas asociaciones continúan a medida que vamos creciendo, cuando la comida  se utiliza como premio o castigo por ejemplo, adquiriendo no sólo un significado fisiológico, sino también emocional.

cuando el bebé llora, le calmamos llevando algo a su boca

Esto explica por qué en muchas ocasiones buscamos de manera inconsciente alivio o consuelo en la comida, realizando ingestas sin hambre real que favorecen tanto el sobrepeso como la obesidad. En otras ocasiones sin embargo, aprendemos a captar la atención desde pequeños realizando justo lo contrario, rechazando los alimentos. No hay nada que preocupe más a unos progenitores que un niño que no come.

Dada la relación entre nuestro  sistema digestivo y el cerebro, es importante cuidar lo que comemos, ya que una buena alimentación favorece nuestro equilibrio emocional.  La relación entre nuestro sistema digestivo y las emociones queda patente en frases tan populares como: “una patada o nudo en el estómago”, “tener  mala leche”, “estar amargado”,  “mariposas en el estómago” o “bilis negra” entre otros.

nuestras emociones también afectan al proceso digestivo

Pero la relación entre cerebro y sistema digestivo es bidireccional. Así, diversas enfermedades digestivas como la colitis o la gastritis (caracterizadas por inflamación o irritación), se agravan cuando por causas emocionales aumentan el estrés o la ansiedad. Por esto es importante cuidar no sólo lo que comemos sino también cómo lo hacemos, ya que el proceso de la digestión influye en las emociones y éstas en la manera en que digerimos los alimentos.

Es más, en nuestro sistema digestivo se produce y almacena el 90% de la serotonina de nuestro cuerpo. Es la misma serotonina que en un 10% se crea en nuestro cerebro superior y de la que depende nuestro bienestar.

Cada uno vamos determinando qué alimentos nos sientan bien

Dada la importancia de la alimentación para tener una buena digestión, los especialistas ofrecen varias recomendaciones. Uno de sus consejos es incrementar el consumo de fibra: “una dieta rica en fibra puede favorecer la digestión y prevenir el estreñimiento”, señalan. Del mismo modo, indican que para tener un intestino saludable es necesario, no solo ingerir fibra, sino que además debe proceder de distintas fuentes, por ejemplo, pan integral, arroz integral, frutas, verduras, judías, avena, etc.

ultraprocesados: muchas calorías y pocos nutrientes

Así mismo insisten en los beneficios mentales de moverse más y, por supuesto, evitar los productos ultraprocesados (refrescos, helados, pastelería, zumos industriales…), ricos en azúcares, harinas refinadas y grasas de poca calidad. Y además, todos ellos caracterizados por aportar un número elevado de calorías y muy pocos nutrientes.