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El riesgo de bajar la guardia: el caso de Rafael

Rafael Cintado fue seleccionado para entrar en La Báscula junto al equipo de  Los Titanes en el año 2014. Permaneció en el programa 10 meses, mide 1,89 m y en aquel entonces pesaba 144 kg. Se le conocía cariñosamente como “Rafalito el frutero, el mejor del mundo entero” y fue el ganador de esa edición de La Báscula.

Rafael perdió durante su permanencia en el programa 66 kg. Lo recuerda como una experiencia muy positiva en cuanto a superación personal, aunque nos dice que también hubo momentos difíciles, porque su pérdida de peso implicó mucho sacrificio y voluntad. Hay que tener en cuenta que antes de su paso por La Báscula “no tenía vida, ya que era una persona sedentaria y sin proyectos de futuro”.

Su problema de obesidad comenzó al terminar el servicio militar. «A raíz del consumo de alcohol no sabía gestionar mi vida, eso me provocaba ansiedad y lo pagaba con la comida». A partir de entonces se convierte en una persona a quien le costaba trabajar, tenía dificultades para dormir y no salía los días de descanso. “Mi día a día era trabajar, comer y dormir”, nos dice. Para él lo más difícil fue “acostumbrarme a los nuevos hábitos, entre ellos sacar tiempo para hacer deporte después del trabajo, el cambio de alimentación, empezar a acostumbrarme a nuevos sabores…”.

a pesar de las dificultades nunca se da por vencido

Rafael consiguió llegar a su peso saludable (78 kg ) tras su paso por el programa, sin embargo hay épocas en las que gana peso, por eso dice que es fundamental no bajar la guardia. Nos habla de la  dificultad para mantener el peso perdido, pero no se rinde y sigue luchando contra la obesidad. Dice que  para  él, lo más peligroso está en la mente: “el creer que tras haber perdido tanto peso ya no podía volver a cogerlo de nuevo. El hecho de confiarme, el autoengaño; total por un poco más no voy a volver a coger el peso que he perdido”.

Como hemos comentado, Rafael tuvo un problema con el alcohol durante largo tiempo, sin embargo lleva 10 años abstemio. Nos dice que la manera de conseguirlo es “no probándolo”, algo similar a lo que hace con determinados alimentos: “hay muchos que evito probarlos porque sé que no puedo controlarme”.

la mente juega malas pasadas, hace que te engañes a ti mismo

Cuando le pregunto qué hace para no rendirse a pesar de los tropiezos lo tiene claro: “el hecho de seguir ganándole la batalla al alcohol hace que trate el problema de la obesidad igual, aunque caigas siempre hay que seguir adelante, además recibo y he recibido mucho apoyo por parte de mi familia. Pero hay algo que quiero decir, socialmente el problema con la comida no está tan negativamente vista como el alcoholismo, además los ultraprocesados están a mano y son muy baratos”.

no hay que rendirse nunca y pedir ayuda si es necesario

Para Rafael haber sido el ganador de La Báscula supuso una enorme satisfacción, aunque nos cuenta que la popularidad que adquirió también tuvo para él un lado negativo. “Fue un premio  muy grande y una alegría por todo el sacrificio hecho, pero con su parte negativa; para mí ser el ganador exigía una responsabilidad de cara a la gente que no siempre ha sido fácil de llevar, sobre todo en los períodos que cogía algo de peso. Yo tengo un negocio público, todo el mundo estaba fijándose en mi peso y venían comentarios de todos lados, cosa que no gestionaba bien, me guardaba todo, eso me generaba un sentimiento de culpabilidad que me hizo pasar momentos y situaciones difíciles”.

a día de hoy no necesita refugiarse en la comida ante las adversidades

A día de hoy Rafael nos dice que ha aprendido a gestionar ese tema, ya no se calla y responde asertivamente a cada comentario que le hacen cuando el peso se le va de las manos. Es más, asegura que “la señal más fiable que me indica que me estoy relajando con la comida es la gente, no necesito una báscula”. Añade que la ayuda más valiosa que se le puede brindar a alguien que está ganando o quiere perder peso es “motivándolo, decirle que pida ayuda, tendiéndole tu mano”.

Admite que la comida ha sido un refugio ante las adversidades durante mucho tiempo, que se ponía excusas; el trabajo, el estrés, la ansiedad… para no cuidarse pero que esto le generaba un sentimiento de culpa y le hacía entrar en un círculo vicioso. Hoy en día no recurre a la ingesta ante los momentos difíciles, se dedica a lo que más le gusta: pasar tiempo con su familia,  poner su campo bonito y cuidar las flores.

cuando se tiene claro ya no hay excusa que valga

Por último hay algo que Rafael quiere añadir: “La Báscula fue para mí como ir al colegio,  te dan las herramientas, pero sólo en ti está utilizarlas día a día. Quiero dejar claro que si se quiere se puede, nunca hay que tirar la toalla. Vendrán momentos malos pero incluso cayendo es cuando uno más aprende. Que siempre hay que pedir ayudar si se necesita. Y que la vida es muy bonita”.